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Diario 3 – Brand Teller – Dos sombras en la campiña

 

Sin familia, sin hogar, sin modo alguno de regresar a una vida anterior que en el recuerdo ocasional se antoja siempre mejor.
Solo dos sombras anónimas que se movían en la oscuridad.
Caminando por calles abarrotadas de inmundicia y valles abandonados a su suerte.

Brand esperaba recostado sobre un montón de paja seca dentro del establo donde la noche anterior, su compañero y camarada Orn, le había abandonado en pro de refugiarse del sol. Descansar en el deshabitado lugar no había sido difícil tampoco para él. La costumbre hacía más llevadero el dormir cada día en un sitio diferente, sin preocuparse del ayer o del mañana. Los últimos cuatro años habían sido especialmente difíciles para los dos viajeros. El viejo dicho “de la sartén a las brasas” era un buen resumen de su viaje hasta Francia y su regreso a Inglaterra en plena guerra.
Al menos, como había comprobado por la tarde, la región estaba llena de posibilidades. Había cazado una liebre sin problemas y no se había topado con absolutamente nadie en las inmediaciones del refugio. Cuando el rumor de la tierra entrechocando llegó hasta sus oídos, el joven abandonó sus pensamientos sabiendo que pronto Orn se reuniría con él. A sabiendas de sus pasos previos, se había tomado la molestia de recoger sus enseres para partir en cuanto éste estuviera listo. Como en tantas ocasiones antes, su camarada surgió de la tierra gracias a esa magia oscura que lo hacía especial.
Espolsándose el polvo y la tierra de su ropa de viaje, Orn revisó los alrededores y deparo en su compañero- ¿Estás listo?- buscó su bolsa en el lugar donde la había abandonado la noche anterior.
-Si claro, podemos seguir cuando quieras- Brand hizo lo propio recogiendo la suya sin pasar por alto que la voz de su compañero dejaba entrever su preocupación – Algo te ronda la cabeza ¿Qué sucede?
-He estado pensando… desde que salimos de Londres tengo una sensación clavada en la nuca…
-¿Crees que nos siguen?
-No podría decirlo a ciencia cierta, pero creo que sí- por un segundo sopesó sus pensamientos- o al menos eso me dice mi instinto.
-Entonces será mejor partir cuanto antes.
-Si, será lo mejor- Con Orn a la cabeza y dejando el lugar tal y como lo habían encontrado la noche anterior, los dos hombres continuaron su camino.

Solos, como tantas otras noches antes, los dos viajeros continuaron caminando con rumbo fijo hacía el norte. Brand deparó en como la primavera comenzaba a cambiar aquello que les rodeaba. Las frías noches se alejaban en la memoria y daban paso a temperaturas, igualmente frías, pero más tolerables. Pronto los árboles comenzarían a dar frutos al igual que los cultivos abandonados. Incluso podría ser un buen momento para conseguir algo de dinero vendiendo las pieles de los animales cazados como en años anteriores.
En muchas ocasiones el joven muchacho se había sorprendido a sí mismo observando con cierta envidia la adaptabilidad de su compañero. La mochila de Brand se encontraba bien surtida de ropa de abrigo, enseres varios para el día a día y lo más indispensable para sobrevivir en el modo de vida que habían elegido. Orn por su lado, cargaba únicamente con una riñonera de cuero, una mochila envejecida con dos largas asas que se entrecruzaban sobre el pecho y lo que pudiera caberle en los bolsillos de su pantalón. Brand estaba seguro de que las veces que Orn hacía uso de su abrigo largo no era por el frío, sino por tratar de no llamar la atención y pasar desapercibido entre los humanos.

Una simple mirada camino atrás extrajo a Brand de sus pensamientos. Hacía un par de horas que habían abandonado el establo y al muchacho se le antojaba que simplemente caminaban por una sucesión de arboles, piedras y bancales sin más. Eso sí, el silencio entre ambos viajeros era mucho más pesado que en noches anteriores.
-Quieto…- Orn olisqueó el aire que les rodeaba mientras el chico se limitaba a intentar intuir qué había cerca de ellos, una tarea casi imposible en una noche sin luna y sin una fuente de luz a su disposición – Otra vez… ahí está otra vez.
-¿Que sucede? ¿Quién está ahí?- Brand se preparó para lo peor. Desde su regreso a la isla, en pocas ocasiones había visto a Orn tan tenso. Los recuerdos de la Francia en guerra y ocupada quisieron ocupar sus pensamientos, pero no había tiempo para ellos.
-Sigue caminando hacia el norte, yo daré un rodeo- Brand asintió sin dudar un segundo – Veremos a quién quieren o qué buscan…

Calmar el latido de su corazón era algo realmente difícil es ese momento. Tal y como su compañero le había indicado, el muchacho continuó caminando campo a través a tientas. “La respiración, lo importante es respirar más despacio” los consejos de su padre y de Orn se acumulaban en su cabeza al tiempo que trataba de calmar su creciente ansiedad. Como buen cazador que era, sabía que algo no estaba bien a su alrededor, demasiado silencio, demasiada calma. Sabía que él no era el cazador en ese momento, era la presa.

El crujido sordo de una rama seca a su espalda le anunció que el cazador se disponía a cobrarse su presa. Rápidamente buscó tras de sí el origen del sonido. Sus ojos lucharon por dar forma a las dos sombras que se abalanzaron sobre él. Para cuando identifico que uno se trataba de un hombre grande, la otra ya había clavado sobre su brazo sus enormes dientes. Un gran lobo de color parduzco había afianzado su mandíbula, rompiendo la piel y la carne de su antebrazo, y lo peor estaba por venir. Tratando de liberarse de la presa, lanzó un puñetazo sobre la cabeza del cánido que solo consiguió que los músculos de su brazo se desgarraran bajo los caninos del animal. Zarandeó el brazo, repitió el golpe sobre la cabeza del animal pero nada funcionaba y sus fuerzas se disipaban con celeridad. El final le sobrevino cuando por culpa de la fuerza del animal trastabillo a causa del terreno irregular, cubierto de su sangre. Ya en el suelo, libre por un segundo de la mordedura pero con un intenso dolor subiendo desde su antebrazo y retumbaba en sus sienes, la bestia regresó al ataque. Esta vez había cambiado de objetivo, dedicando su atención y haciendo mella en su torso. Los sentidos del muchacho se apagaban uno tras otro, hasta el punto de que apenas fue consciente de que su compañero había caído sobre el extraño, enzarzándose en un combate a manos desnudas. En un último intento por sobrevivir, aferrándose a la idea de que pronto Orn aparecería para salvarle como en tantas ocasiones antes, trató de hacerse con la cabeza del animal que lanzaba dentelladas sin piedad en su bajo torso. Que horrible imagen aquella en la que por un momento logró apartarlo de su propósito, entreviendo el hocico del lobo lleno de sangre y su mandíbula coronada por sus tripas…

No hubo tiempo para pensar, ni tan siquiera para llevar a cabo un último golpe. Los ojos de Brand miraron al cielo oscuro sin vida, sumergiéndose en la profundidad de la tenebrosa noche que fue su final.

¿Cómo explicar la primera sensación de un recién nacido? ¿El primer pensamiento del que despierta tras largo tiempo de sueño? Brand fue incapaz de entender lo que su cuerpo le decía. Por un instante que sintió eterno, no comprendía en absoluto que estaba sucediendo. Su cerebro apenas era capaz de traducir el torrente de sensaciones que provenían de los sentidos que debían estar muertos. El primer recuerdo, un lobo parduzco acabando con su vida. El dolor de su antebrazo regresó al tiempo que el de sus tripas. La intensa sensación quedó enmudecida bajo el torrente viscoso y caliente que anegaba su boca. “Traga” ¿era aquel eco acaso la voz de Orn? Los pocos sentidos que comenzaban a despertar incidieron en la sustancia que inundaba su boca y bajaba por su garganta como un torrente de ácido desbocado. Cómo si se tratará de agua hirviendo, notó cada centímetro de su boca, cuello y tripas despertando al paso de ese mejunje. “Has de beber Brand, no te resistas” no había duda, la voz era de su compañero, de su camarada. El dolor bajo sus oídos le hizo darse cuenta de que su boca se encontraba totalmente abierta y con algo contra ésta de donde emanaba el denso liquido. Tras su cabeza noto una mano que le sostenía en alto. Firme como un yunque, encontrándose totalmente a merced de la presa alrededor de su cabeza.
¿Había muerto? ¿El lobo? ¡¿Mis tripas?! Las ideas y recuerdos comenzaron a entremezclarse con más claridad en su cabeza, aún sin ser capaz de colocar cada una en el lugar temporal al que pertenecían. Una rabia crecía en su interior entremezclada con todas las sensaciones que recorrían su mutilado cuerpo. El dolor, la angustia, la duda y la ira se hacían por completo con el control. Una cólera, nunca antes sentida, por un momento le sobresalto, pero de manera instintiva la abrazo. “Libérate de su presa” una voz oscura y maligna que jamás antes había escuchado reclamo para sí toda su atención “mata, mátalo”. Con las pocas fuerzas que habían en él en ese momento, trató de zafarse de la atadura. “Relájate” la voz de Orn, como si se tratase de algún tipo de contrapartida de esa oscura voz trataba de disipar la rabia que éste sentía. Por un segundo logró escucharlo, relajarse y seguir bebiendo de aquel fluido, pero de poco sirvió cuando regreso la otra voz “Te engaña, te miente. Sobrevive Brand, sobrevive donde tus padres murieron”. Su dolorida mandíbula tanteo aquello que se aferraba contra su boca. Cuando logró reunir las fuerzas necesarias, enardecidas por la furia, clavo sus dientes contra lo que rápidamente reconoció como carne cruda. Un sentimiento de euforia se apoderó de todo su ser, descontrolando sus nervios y sentidos. Pudo notar cómo se revolvía su cuerpo inerte, los espasmos en sus piernas y su garganta tragando con afán el líquido que antes tanto daño le hacía. Con cada trago, la sensación se recrudecía y crecía exponencialmente. Jamás había notado tales sensaciones, ni el peor de los dolores ni el mejor de los orgasmos se habían aproximado a lo que ahora sentía por todo su cuerpo. Los recuerdos regresaban rápido a su mente, el sacrificio de sus padres, la carta donde se describía con palabras genéricas su pérdida, las penurias vívidas en Francia… Todos y cada uno de los peores momentos se hacían con su mente mientras una risa áspera y profunda le carcomía por dentro y exaltaba su miedo y su ira.
-Brand- fueron muchas las veces que Orn pronunció el nombre de su compañero en balde. Colocó su frente contra la febril cabeza de su amigo y lo intento una y otra vez mientras éste devoraba su brazo a dentelladas y se revolvía para acabar con él -Has de ser fuerte, pues el dolor no es lo único que has sentido. Tus peores pesadillas no es lo único que has vivido. Resístete a la ira, al miedo a la perdida. Resiste a la bestia Brand.

Como un bálsamo que poco a poco se adentra en la herida emponzoñada, calmando el dolor y sanando el daño, la voz de Orn comenzó a hacerse un hueco entre la ira y la euforia del joven. Las risas desaparecieron súbitamente, como el perro que agacha la cola entre las patas y reconoce la amenaza del recién llegado.
Las palabras cobraron sentido poco a poco como si de un escueto riachuelo se tratará.
La imagen de su padre y sus cacerías le recordó su presencia segura y protectora.
El rubor del agua fresca atenazaba sus nervios.
Sus pensamientos llegaron hasta un bello día de verano compartiendo el patio junto a su madre. Nada especial y al mismo tiempo, tan importante… Solo ellos dos, compartiendo el momento una madre y un hijo.
-Resiste Brand…- notó por primera vez, claramente, como la mano de Orn sujetaba su cabeza, cómo su muñeca le llenaba la boca y cómo su frente tocaba la suya.
¿Era una tormenta? ese sonido de agua, una tromba se acercaba…
Cómo no recordar los días de viajes y aventuras, de penurias y valentía junto al que había sido su compañero durante tanto tiempo.
-Resiste Brand…
El rugido del agua devoró por completo todo sonido. La calma, esa calma que solo se puede encontrar junto a la orilla de un rio en primavera, esa calma que solo se podía hallar junto a la seguridad de un ser amado, entre los brazos de aquel que te ama… Esa calma se apoderó por completo de Brand y la voz, su asquerosa risa, al menos por ese momento desapareció.

Un fuerte dolor despertó a Brand súbitamente. Junto a él descansaba Orn que lo miró con el semblante agotado.
-Lo siento… sé que hablamos hace tiempo de dar este paso.
Las manos del muchacho comprobaron que aunque su ropa estaba rasgada y repleta de sangre, sus heridas del vientre eran poco más que rasguños poco profundos, aunque un enorme hematoma recorría todo el lugar al igual que un dolor continuo. Sus ojos recorrieron sus manos y el antebrazo destrozado por los mordiscos. De algún modo, éste también había sanado, encontrándose en el mismo estado que su otra herida.
-Poco a poco Brand. Siempre es difícil. Estarás desorientado un rato, tu cuerpo se adaptará pronto a su nueva naturaleza.
-Así que… ¿estoy muerto?
-Lo has estado, pero ahora eres diferente. Ahora eres un miembro de mi clan, eres un Gangrel- ante la atenta mirada del hombre, el muchacho trató de ponerse en pie. Cómo evitar las comparaciones con un animal recién nacido que trata de levantarse por primera vez sobre sus endebles patas. Sus movimientos eran toscos, torpes y claramente demostraban lo confundido y débil que se encontraba -No tengas prisa, nos pondremos en marcha cuando estés listo.
-Me has salvado…- la garganta del muchacho aún se encontraba afectada por la ingesta de aquel liquido y sus palabras no eran más que un susurro ronco. Ahora que comenzaba a entender qué había sucedido, Brand reviso a su compañero percatándose de que su muñeca mostraba las heridas propias de numerosos mordiscos. Sin ninguna duda, Orn le había dado su sangre para salvarlo -Las heridas ¿sanarán?- la duda no solo recaía sobre sus heridas, sino también sobre las que le había causado él mismo durante el cambio.
-Si, no te preocupes. Todo será mucho más sencillo cuando comiences a entender tu poder- una sonrisa de medio lado surgió con un aire sarcástico- en peores te verás.

Poco a poco, como quien despierta de un largo coma tras un grave accidente, el muchacho recobró el sentido del equilibrio, la fuerza de sus piernas y la voz. Revisó el lugar donde se encontraba para darse cuenta que de nuevo estaban en el establo que le había servido de refugio ese mismo día. No tardo mucho en darse cuenta, que los cuerpos de dos hombres estaban tirados sobre un montón de paja y heno seco.
-Son los dos que nos atacaron- sentenció Orn poniéndose de pie.
-¿Quienes eran?
-No lo sé, pero uno de ellos era como tú y como yo. Era un Gangrel.
La cara de sorpresa de Brand delató su inmadurez en el nuevo mundo en el que se había sumergido- Eran ¿Cómo nosotros?
– Al menos, uno si- por un momento Orn pensó en las posibilidades -Es posible que el líder de la secta que domina la ciudad de Londres no le hiciera demasiada gracia que pasáramos sin pararnos a saludar… Costumbres antiguas muy arraigadas. De un modo u otro, también podríamos haber llamado la atención de sus enemigos. Incluso podrían pensar que somos enviados por dicho líder- el semblante de duda de Brand índico a su pensativo compañero que sus palabras no tenían mucho significado para él.
-Sea como fuere, uno era como nosotros y el otro también era un vástago. Debemos deshacernos de los cuerpos. Le prenderemos fuego al lugar antes de irnos. Tal vez así ganemos algo de tiempo.

Los dos viajeros revisaron los cuerpos sin vida de sus cazadores con el fin de encontrar algo útil en sus bolsillos. Encontraron poco más que unos chelines y ni una sola pista sobre quiénes eran o por qué los perseguían. Las heridas que Brand observo sobre sus cuerpos sin vida lo acongojaron. Enormes garrazos recorrían sus cuellos y torsos, como si un animal salvaje hubiera dado cuenta de ellos. Sin respuestas a sus dudas, Orn lanzó un par de cerillas sobre el montón de paja seca. El fuego se ocuparía de borrar lo que había sucedido en las inmediaciones.

El camino continuó para los dos compañeros, ahora mucho más parecidos que antes. Brand trataba de asimilar cuánto había sucedido en las últimas horas sin saber si quiera cuánto tiempo había estado en las frías garras de la muerte o por qué lo habían asesinado. Orn se mantenía al frente, taciturno, como si masticará un bocado amargo y duro de tragar.
-Verás Brand, voy a ser franco contigo, te lo debo después de todos estos años…- sin parar si quiera, sin mirar a su compañero, Orn dio rienda suelta a sus tribulaciones- la tradición de los míos… de los nuestros, manda que te abandone. Es normal entre los de nuestro clan, que tras convertir al chiquillo, su creador parta sin dejar rastro. Es un modo de distinguir a los débiles de los fuertes. Si el recién alzado logra sobrevivir, es que sin duda es apto para formar parte del clan y del mundo que ahora conoce.
-¿Quiere decir que te irás? ¿Ha llegado el momento de separarnos?- la voz de preocupación del muchacho se ganó el silencio por un instante del hombre.
-No, no te abandonaría en medio de la nada y menos tras un ataque de origen desconocido- un suspiro de alivio se escurrió por la garganta del muchacho, empujado por la costumbre. Hacía ya algunas horas que no respiraba ni lo necesitaba, pero aún no se había percatado de ese y de muchos otros pequeños cambios- viajaremos hasta Liverpool, quiero decir, Manchester. Allí te presentaré a quién mande y veremos qué hacemos desde ahí, pero al menos estarás seguro durante un tiempo.
-De acuerdo
-Ahora mismo lo que más me preocupa es que del lugar de donde han salido aquellos dos, hayan más buscándonos- por fin se detuvo, esperando hasta que Brand llegará a su altura- Ahora lamento no haberte hablado más de mi naturaleza. No esperaba tener que dar éste paso tan pronto. No sé cuánto tiempo tenemos, pero será mejor que lo aprovechemos para que aprendas, al menos, lo básico para sobrevivir- Por un segundo Orn reviso los alrededores- Tomaremos un nuevo camino… tal vez, si alguien nos busca, ganemos algo de tiempo.
Brand asintió en silencio percatándose de que su nuevo camino les llevaba hacía el noroeste.
-Si no recuerdo mal, en esta dirección nos encontraremos con una pequeña población. Gente de campo sin más, será fácil hallar un sitio donde descansar y ocultarte de la luz del día.
-Si, parece que se acabó lo de pasar el día durmiendo en cualquier lugar- Brand se percató mientras andaban por colinas y senderos de campo, que de algún modo y a pesar de que la noche seguía siendo igual de oscura, podía entrever mejor dónde colocaba sus pies. Era como si sus ojos se hubieran adaptado mejor a la oscuridad, al menos, en lo que se encontraba más cerca de él. Por supuesto, el dolor en su abdomen y el antebrazo eran dos sensaciones que debía ignorar activamente y que le impedían estar todo lo alerta que le gustaría. Cuando lograba dejar de lado por completo su aflicción, sus oídos eran capaces de contarle mucho más de lo que sucedía a su alrededor. Sus pasos, el crujir de la grava, el cantar de los primeros pájaros. Era como si de algún modo, hubiera destaponado sus sentidos y todo ahora fuera mucho más claro. Siguiendo su instinto de cazador, que tantos años había entrenado junto a su padre y el propio Orn, centró su atención en realizar movimientos más fluidos, en ejecutar pisadas más suaves. De haber estado unos pasos más cerca de Orn, hubiera sido capaz de ver la sonrisa del mentor, orgulloso de su pupilo.
-Orn- el tono de duda de Brand demostraba que no estaba seguro de qué le estaba sucediendo- parece como si hubiera aumentado mis sentidos… veo mejor e incluso escucho mejor.
-Eso es solo el principio- un tono seguro trataba de enmascarar la satisfacción del hombre – Acostúmbrate, vas a sentir, de muchos modos, muchos cambios.

Los dos viajeros continuaron su rumbo. Eran muchas las ideas que pasaban por la cabeza de Orn, pero muchas más las que recorrían la sorprendida y confusa mente de Brand. A cada paso, a cada hora que se sucedía de noche, éste experimentaba nuevas sensaciones o descubría con asombro que sus capacidades parecían aumentar. La fría y oscura noche fue dando paso a las primeras luces de la madrugada y con ella, al cantar de los pájaros, al sonido lejano de reses e incluso por segundos, el paso de algún vehículo lejano. La preocupación de Brand aumentaba al tiempo que el camino se antojaba más iluminado. Orn por su lado, sin expresar sus ideas o preocupaciones, dirigió la marcha a lo alto de una loma en la que descansaba un único gran árbol con las hojas mecidas por la brisa primaveral. Ambos otearon el lugar desde su posición privilegiada, aunque con la sensación de que el tiempo avanzaba en su contra. Las vistas eran formidables, demostrando que las ciudades podrían ser un agujero de ruinas, pero que la naturaleza de las zonas rurales continuaba manteniendo su belleza a pesar de la guerra.
Orn señaló en dirección a una pequeña aldea. Brand no pudo ver más que unas pocas casas en medio de lo que parecía un camino grande.
-Tal vez ahí encuentres un lugar de reposo en el que ocultarte hasta la noche- la atención de Brand deparó por completo en su compañero, ignorando tras un leve vistazo la población. Por un momento pensó en los poderes que Orn le había mostrado durante los años que habían viajado juntos lejos de las ciudades. Casi cada noche, éste se había dejado devorar por la tierra, ocultándose durante todo el día sin necesidad de refugio entre cuatro paredes.
-Y si…- la idea le rondaba por la cabeza desde que el cielo nocturno dio paso a la claridad, anunciando el alba- ¿y si me entierro bajo tierra como tú?
-Verás…- de no ser por que Orn había olvidado como se hacía, hubiera continuado sus palabras con un largo suspiro – lo que tú llamas “enterrarse bajo tierra” lo llamamos disciplina. Es posible que pudieras hacerlo, al fin y al cabo mi sangre corre por tus venas y con ella, ciertas capacidades. Tal vez… podrías.
-Quiero poder hacerlo- titubeó en sus palabras, no estando muy seguro de entender qué eran esas disciplinas – ¿Me enseñarías?
Orn se pasó la mano por el pelo, replanteándose cómo enseñarle nada con el poco tiempo que les quedaba hasta que el primer rayo de luz les abrasará sin clemencia- Lo único que puedo decirte, el mejor consejo que te puedo dar es que quieras hacerlo. Tienes que querer hacerlo- Orn revisó la distancia a la que se encontraba la población, teniendo muy presente que el tiempo se agotaba para su amigo- En muchas ocasiones, los recién creados como tú, ponéis en práctica vuestras “habilidades” cuando no os queda más remedio. Se podría decir que es un instinto de preservación o supervivencia.
-Podríamos buscar un lugar, un cobijo donde ocultarme y en caso de no conseguirlo…- Orn se planteó las palabras del muchacho, teniendo en cuenta que tal vez no serían capaces de encontrar un lugar- o podríamos hacerlo a las bravas- Una vez más, el chico le demostró por qué reclamó su atención tantos años atrás.
-De acuerdo Brand, amanecerá pronto- el muchacho asintió, se quedo en silencio y cerró los ojos. No sabía realmente por dónde empezar. Pensó en enterrarse, en la horrible muerte que le podía causar la luz del sol, recordando las palabras explicitas que Orn usó años atrás para explicarle su condición y necesidad de evitarla. Tras varios intentos, tímidamente abrió uno de sus ojos para comprobar cómo Orn lo miraba atentamente.
-Visualiza tu presa cazador- una vez más Orn usó ese tono de voz sereno y directo que parecía adentrarse en la conciencia del muchacho- Antes de poder cazar, debes vislumbrar la presa- Brand cerró de nuevo los ojos al tiempo que el crujido del suelo, sentenció que se había quedado solo sobre aquella loma.

De nuevo, el muchacho pensó en qué quería conseguir. Siguió el consejo de Orn, imaginándose devorado por el suelo como si de algún mago de leyendas del pasado se tratase. Una y otra vez, con el peso del tiempo sobre su espalda, pensó e imagino la situación. Fue entonces, con el sol comenzando a iluminar los pastos lejanos, que la sangre de Brand se agitó en su interior. Como un torrente hirviente recorrió su cuerpo de pies a cabeza y bajo sus pies, un rubor creciente le indicó que algo estaba pasando.

Para cuando el sol toco las ramas del viejo árbol e iluminó por completo la loma, en ella solo se encontraba la hierba cubierta del rocío de la mañana

Diario 2 – Pamela Rose – Tras la segunda gran guerra

El fin de la guerra

El fin de la pesadilla

De los bombardeos

De los secretos

Del miedo y la duda

¿Pero cómo dejar todo atrás?

Pamela despertó entre las suaves sabanas de la cama que había sido suya desde que no era más que una chiquilla. Un sentimiento de extrañeza la inundó por completo… hacía casi cuatro años que no dormía en el hogar de su familia en Knightsbridge. Más de cuatro largos años en los que ni un día había sido la heredera de Lord Rose, la dama de Knightbridge. Sus preocupaciones eran ahora muy diferentes de las que habían sido solo unos meses atrás. Remoloneó durante algunos minutos, sintiéndose segura, aunque con los ecos de todo lo vivido, recuerdos que aún lograban estremecer su ser.

Tratando de volver a la normalidad, agarrando con uñas y dientes un nuevo futuro lejos de la guerra, se dejó llevar por la rutina de una mujer de su clase. Se levantó de la cama y rebuscó en su armario uno de los modelitos que atesoraba como los tesoros que eran. Las grandes firmas parisinas y alemanas, de antes de la guerra la miraban a los ojos mientras los colaba sobre su cuerpo desnudo ante el espejo de su enorme habitación.

Bajó a desayunar con su madre, Lady Rose, quien como buena señora de su casa, se dedicaba abnegadamente a organizar al servicio sobre qué hacer y cómo hacerlo.
-Buenos días cielo – la sonrisa de la mujer fue una caricia para la joven que veía la normalidad y la rutina en el rostro de su querida madre.
-Buenos días mama- un beso en la mejilla reconforto a ambas mujeres al instante. Acto seguido la muchacha deparó en la presencia de Alfred, el mayordomo y amo de llaves de la casa- Buenos días Alfred.
-Buenos días señorita Pamela- el gesto del hombre era recio e impenetrable como de costumbre.
-Desayunemos y ponme al tanto de tus planes hija- Ambas mujeres se sentaron en la gran mesa de la cocina mientras el servicio se ocupaba de ofrecerles un desayuno típico inglés a pesar de las dificultades para conseguir los elementos más básicos.
-¿Papa?- preguntó Pamela al no verlo, junto a su periódico, en su lugar de la mesa como cada mañana.
El suspiro de la madre adelantó que no se encontraba en la casa. Una vez más, seguramente, estaría en alguna reunión de negocios o sacando adelante sus asuntos políticos- Tu padre ha salido temprano. Tenía que reunirse con otros viejos adinerados y preocupados por el futuro del país y de sus carteras- ambas mujeres se rieron ante la imagen del brusco hombre, en las cámaras de comercio y los desayunos repletos de protocolos.

-Ha llegado el correo- informó Alfred mientras el muchacho encargado de recogerlo de la oficina se lo entregaba. Dirigentemente dividió con habilidad las cartas de la casa, del padre, de la madre y el telegrama llegado para Pamela. La mirada de la madre se llenó de intriga cuando el mayordomo le hizo entrega de éste último a la muchacha.
-¿Un telegrama querida?
-Si- respondió absorta, pues no esperaba correspondencia alguna y mucho menos un telegrama. Sus ojos leyeron con velocidad las pocas líneas que éste contenía.

“Saludos Pamela. Gustaríais de reuniros conmigo en mi finca de Manchester.
Espero vuestra respuesta lo antes posible”
El nombre que constaba, era más que familiar para la joven, Alan Turing.

-Es de un amigo- añadió a la espera de su madre que no trato de esconder su sorpresa ni por un segundo.
-¿Un hombre?- una mirada picará sugirió miles de posibilidades.
-Mama, es solo un amigo
-Amigo… así lo llamas ahora. Y ¿Qué es lo que quiere ese amigo tuyo?
-Me invita a pasar unos días con él en su casa de Manchester- Pamela leía y releía una y otra vez el escueto telegrama.
-Me parece una idea adorable- como ignorar el interés de una madre, ante la posibilidad de casar por fin a su única hija- la ciudad necesita tiempo para sanar y seguro que un alma inquieta como la tuya se meterá en problemas de quedarse aquí encerrada.
La sonrisa de Pamela al darse cuenta de los obvios objetivos de su madre, alegró a ambas mujeres.
-Pues si- añadió decidida Pamela- me vendría muy bien salir de la ciudad, visitar la campiña y ver cómo le van las cosas a Alan.
-Así que su nombre es Alan…- añadió con tono pícaro mientras observaba a su hija.
-¡Mama!- las risas envolvieron a las dos mujeres mientras terminaban su desayuno. Los planes, posibilidades y detalles sobre el susodicho fueron todo lo que necesitaban las dos mujeres. Un momento, un simple desayuno alejado del pasado. Un momento entre una madre y una hija.

 

-Alfred- Pamela lo abordó en uno de los pasillos de la casa- necesito que me ayudes…
-Ya he dado orden de que le ayuden con sus maletas y he buscado cómo podría llegar hasta Manchester – Pamela se sorprendió, su viejo amigo no había perdido ni un ápice de habilidad con la edad – Hay una diligencia esta misma tarde. Permítame recomendarle dejarle una carta a su padre, que no volverá hasta la noche, con los motivos de su viaje.
-Si, ahora mismo lo haré- aunque el recio rostro del mayordomo se mantuvo impasible, la sonrisa de Pamela alegró su viejo corazón.

Con la maleta preparada y sus ideas revolucionadas ante su primer viaje por placer en más de cinco años, la muchacha le dejo por escrito una carta a su padre en la que detallaba los motivos de su viaje y su tristeza por no poder despedirse de él en persona. Con el mismo sentimiento se despidió de su yegua, su madre y el servicio de la casa. Con Alfred como ayudante y escolta, ambos se dirigieron hacía la oficina de telégrafos para enviar una respuesta afirmativa a la invitación de su viejo conocido. Sin dilación y con la sombra alta y perfilada que era Alfred siempre dos pasos tras ella, llegaron hasta la compañía Robson Owell, donde la diligencia les aguardaba, preparada para partir.

-Señorita- intercedió Alfred antes de entrar en la oficina- me he tomado la libertad de reservar todos los asientos del vehículo, para que su viaje fuera lo más agradable posible.
-Muchas gracias Alfred, siempre estás en todo.
-Aunque por desgracia, ya había un asiento reservado que la compañía no podía “liberar”.
-No te preocupes, al menos así tendré entretenimiento durante el viaje- la mirada de desaprobación del ayudante surgió con prontitud y peso mientras la joven entraba en la oficina.

Tras un destartalado mostrador de madera oscura, un hombre de aspecto abandonado miró fijamente a la atractiva joven que entraba acompañada por un distinguido señor, más ataviado como enterrador que como mayordomo.
-Buenas tardes señorita- la voz gangosa y un claro acento agreste sorprendió a ambos.
-Buenas tardes señor, tengo un pasaje para viajar hasta Manchester.
-¿Si?- revisó por un momento un viejo libro de notas- es usted Pamela Rose ¿Verdad?- una carcajada solitaria se escapó de la boca desdentada del hombre- parece que tiene usted cinco pasajes…
-La misma- su mejor sonrisa apareció en ese momento, incomodando al sencillo trabajador.
-Muy bien señorita Rose, serán seis libras.
La mano de la muchacha dejó sobre el mostrador siete y continuando con su juego, preguntando con voz amable y mirada relajada- Y si se puede saber, mi buen señor ¿Quién es el que me acompañará durante el trayecto?
Por un momento sencillo individuo pensó en la repercusión de hablar más de la cuenta, pero ¿Cómo decir que no a alguien como ella y a su cartera?- mire usted señorita, solo sé que es un hombre de Scotland Yard… un agente.
De nuevo la mirada de Alfred se endureció tanto como el tono de su voz- siempre podría coger otro medio de transporte u otro carro más adelante señorita Rose.
-Alfred…- le contestó despreocupada- será interesante viajar con un servidor de nuestro país como un agente de Scotland Yard.
-Permítame señorita- el hombre esquivó como pudo el mostrador para recoger el equipaje de la amable señorita y acompañar a ambos al exterior – Él será el conductor- mencionó señalando a un muchacho joven que alzo su sombrero a modo de saludo al tiempo que mostraba su mejor sonrisa -Señorita, en el arcón trasero llevo mantas, algo de comida y bebida, si puedo hacer algo por usted, David es mi nombre.
Pamela se limito a sonreír con amabilidad al joven mientras observaba como el otro individuo cargaba su enorme maleta con poca habilidad en el techo del vehículo.
-Señorita Rose, insisto- Alfred mostro una vez más su negativa- está segura de que es una buena idea viajar con un individuo como ese….
-Alfred, ¿con quién estaré más segura que con un servidor de la ley?

Diario 1 – John O´Connor- Tras la segunda gran guerra


Son años convulsos en el mundo. Berlín ha caído y la amenaza de la cruz gamada comienza a ser historia pasada, aunque las pesadillas y los estragos vividos siguen muy presentes. Ahora la amenaza de la guerra solo continúa en el territorio del sol naciente, pero ya son muchos los que tratan de volver a la normalidad.

Despertarse en una fría buhardilla, por mucho que sea tu hogar y tu oficina, no reconforta el corazón de los que han tenido la desgracia de vivir las dos grandes guerras en primera persona. El olor a burbon, los crujidos de la madera y el ruido de una ciudad que trata de recobrar la normalidad son la bienvenida a un nuevo día para John. Siguiendo viejas costumbres, arraigadas durante el tiempo de las trincheras, revisó dónde se encontraba para acto seguido buscar a tientas un manoseado paquete de cigarrillos sobre la mesilla de noche. Contemplo su hogar y la pila de casos resueltos sobre su escritorio mientras se encendía un cigarro sentado en el lateral de la cama. Dos semanas habían pasado desde que, de nuevo, se había convertido en un civil más. Dejando de lado un par de casos por infidelidades y desaparecidos, el trabajo de John O´Connor, investigador privado, era más bien una broma de mal gusto. Eran pocos los que requerían de sus servicios y menos aún los que podían pagarlos… el final de los bombardeos hacía florecer todo tipo de oficios, pero no justamente el suyo.

Con la ropa de varios días y siempre ataviado con su sombrero gris y su cigarro a medio fumar en los labios, John nunca fue de los que se lamentaba por su estrella. Con su revólver a buen recaudo en su pistolera, como si de uno de esos investigadores del cine se tratará, abrió la puerta de su oficina para buscar en la calle algo a lo que dedicar su tiempo… tal vez incluso, asuntos no muy legales.

-Buenos días señor- dos agentes vestidos de azul de pies a cabeza se cuadraron ante él nada más abrir la puerta. ¿Cuánto tiempo llevarían ahí? es lo único que pudo pensar el investigador, mientras miraba extrañado a los dos jóvenes reclutas – le traemos un mensaje del Teniente Adam – la mano del muchacho se tendió ante él con un sobre cerrado que no hizo más que aumentar el sentimiento de extrañeza de John ante la situación.
-Gracias…- recogió el sobre con dejadez sin perder detalle de ambos muchachos.
-Que tenga un buen día señor- de nuevo los dos jóvenes se cuadraron. “Tal vez saben cuál era mi rango en el ejército…” John les devolvió el saludo, cerrando la puerta tras de sí, mientras ambos agentes abandonaban el rellano.

“Tal vez un caso jugoso”, la mente de John comenzó a plantearse por qué el teniente de Scotland Yard mandaría a dos agentes para hacerle llegar un mensaje “u otro caso de infidelidad entre nobles…” la mera idea de que se tratase de otro asunto amoroso entre ricachones le revolvía el estomago. Rasgo el sobre con el dedo y acercándose a la única ventana de su hogar y leyó atentamente su contenido.

“John, necesito de tus servicios para un caso delicado.
Acércate a mi oficina lo antes posible para hablar sobre los detalles.
Atentamente: Adam Willson”

Una larga calada a un cigarro húmedo le permitió observar una ciudad en ruinas a través del envejecido cristal de su ventana. “Bueno, un trabajo es un trabajo”

La ciudad había visto días mejores. Por supuesto, a pesar del optimismo del pueblo Británico y de las palabras de aliento de su luz en la noche, Churchill, no solo la gente de bien saldría adelante. John no tenía más que mirar alrededor para ver viejas actitudes y antiguos males. Puede que muchos se centrasen en la reconstrucción y el futuro, pero el hambre se veía en la cara de muchos, los desplazados acampaban en jardines y parques siendo ignorados, en el mejor de los casos, por aquellos que pasaban cerca de sus chabolas para seguir con su “normalidad”. Era cuestión de tiempo que la enfermedad campará a sus anchas por las calle y que al llegar la noche, los no tan honrados tratarán de tomar lo que no era suyo, por cualquier medio.

Scotland Yard había sobrevivido mejor que otros edificios de la zona. Algún techo se había venido abajo y en uno de sus jardines, varios soldados se afanaban en retirar, con mero cuidado y bastante temor, una bomba que no había explotado durante los bombardeos. Los agentes del lugar no depararon en Jhon, no demasiado al menos, al fin y al cabo, no destacaba entre todos ellos. Sin dilación atravesó los pasillos del edificio y subió algunos pisos hasta llegar al despacho del teniente Adam Willson.

-Pasa John- nada más verlo, Adam abandonó su periódico y rebusco entre sus cajones hasta sacar una carpeta- cierra la puerta.
-¿Qué tienes para mí?- no es que John no se alegrará de verlo, simplemente prefería ir al grano y salir de dudas sobre el caso.
Adam le ofreció un cigarro de un paquete blanco con una bandera americana en su dorso- Es un tema delicado. Justo por eso pensé en ti- John no se negó a coger un cigarro y no tardo ni un segundo en encendérselo, pero no pudo evitar darse cuenta de dónde provenía el paquete. Los había visto mil veces durante sus últimos días en la guerra, acompañado de chocolate, panfletos y otros “regalos” que el ejército americano lanzaba desde sus bombardeos sobre Francia- ¿Tan mal van las cosas que ahora fumas esto?- una sonrisa burlona se dibujó en el rostro del investigador.
-¿Sabes lo difícil qué es conseguir tabaco de pipa en éstos días?- Adam guardo el paquete y le tendió la carpeta que John recogió con prudencia
-No será otro caso de cuernos entre nobles, ¿Verdad?
-Lady Abigail- el tono de Adam remarco el titulo de la mujer – es una de las beneficiarias de la policía de Londres – mientras hablaba, con manos y ojos expertos, John revisaba el contenido de la carpeta, escueto, tal vez demasiado escueto – Me ha solicitado formalmente, como verás en la carta escrita por su puño y letra, el envío de un agente del orden con cierta soltura a la hora de tratar con todo tipo de problemas. Dado que ahora mismo no cuento con ningún hombre oficial y… bueno, tus habilidades, pensé que eras el más idóneo
-Por lo que veo, solo cuento con una dirección, una carta de ésta “lady” y nada de información sobre lo que hay que hacer.
-Extraoficialmente, a pesar de pedir un agente oficial, pagará gustosamente el salario del investigador y una suma para el departamento. Ambos ganamos, aunque se trate de otro asunto de cama…- La mirada del teniente buscaba la complicidad en los ojos de su “as en la manga”.
-De acuerdo- como ya se había repetido una y otra vez esa mañana, un trabajo es un trabajo…- lo haré.
-¡Ese es mi chico! Sabía que podía contar contigo. No quería ni pensar en enviar a otro irlandés de puños largos y gaznate pestilente para tratar con un asunto delicado como éste.
-¿Cuándo salgo?
-Te conseguiré un pasaje en una dirigencia hacía Manchester hoy mismo. Esta tarde- la mirada de John exigía una explicación – sabes que las carreteras están fatal en éstos días, solo los vehículos militares se mueven y no me hagas hablar del ferrocarril… – le tendió un papel garabateado en pocos segundos donde rezaba el nombre de la compañía de transporte “Robson Owell”
-De acuerdo, solucionaré algunas cosas por la ciudad y está tarde cogeré ese carro.
-Haz el favor de buscar una oficina de telegramas cuando llegues, el correo es un autentico despropósito y quiero estar al día de lo que suceda- John no tardó en incorporarse y recoger los pocos datos que tenía sobre el trabajo dentro de la carpeta.
-Gracias muchacho, no te arrepentirás.
John se giró justo antes de salir de la oficina- Adam, si sale algún caso… interesante, acuérdate de mí.
-¿Acaso lo dudas?- una sonrisa recorrió su cara de lado a lado- acaba con esa “Lady” y regresa cuanto antes, está ciudad necesita una limpieza… y de las grandes.

El carro saldría en solo unas horas. John recorría la ciudad sin mirar a su alrededor, tratando de adelantarse a los acontecimientos, a la naturaleza del que sería su nuevo trabajo. Conseguir que su casera, la señora Luisa se encargase de su oficia y residencia fue sencillo. Recogió todo lo que le sería útil, que por otro lado, cabía en una simple maleta de mano. El siguiente lugar de su itinerario pasaba por el centro de la ciudad, donde el ejército y algunos civiles se ocupaban de restablecer la corriente en la misma.

-¡¿Tienes un momento electricista?!- grito a un muchacho en lo alto de una escalera.
-Parece que mi viejo hermano tiene algo de tiempo para su hermano pequeño- contestó al tiempo que se bajaba de la escalera el mismo. El abrazo entre los dos hombres hizo florecer una sonrisa en ambos- ¿Cómo estas Brandom? ¿Qué tal tu trabajo?
-Todo bien hermano, es un buen trabajo y justamente, en ésta ciudad, lo que no falta es trabajo.
-Y problemas…- John lo miró seriamente, como esperando que confesase que necesitaba ayuda.
-Tu siempre tan positivo- la mirada del muchacho bajó hasta la maleta de su hermano mayor – ¿Te vas?
-Si, un caso, en Manchester – John sacó su libreta, la que siempre usaba para sus casos y le escribió la dirección en la que encontrarlo- si pasa cualquier cosa, mándame un telegrama.
-Será bueno saber cómo dar contigo por una vez…
-¿Necesitas dinero?
-No- contesto sonriente y seguro Brandom- este trabajo es humilde, pero me da para vivir de sobra.

Ambos hermanos se enredaron en conversaciones comunes, en bromas sencillas y se despidieron con un abrazo sincero. Ya no había más que hacer ni tiempo para ello, un carro esperaba a John en el otro lado de la vieja ciudad de Londres.

Comunidad – A veces es mejor respirar

Nos encontramos en 2021. Los coches no vuelan, el mundo no se ha acabado (todavía), los aliens no están entre nosotros (¿no?), el mundo no se ha convertido en un desierto enorme ni en un mundo acuático. Pero los viejos problemas siguen estando presentes en el día a día.
No hace mucho que soy un usuario más de Twitter, con pocos seguidores y para qué negarlo, atento a pocos. Esta misma mañana he encontrado algo que ha llamado mi atención. @HijaDeTabernero ha compartido un sencillo post en el que dejaba clara su intención de “arrojar el dinero a la cara de las editoriales que apostasen por las escritoras de rol”. En ese momento, mi mirada se ha ido directamente a la estantería del rol, mientras divagaba sobre la presencia de la mujer en el rol (a nivel editorial) tanto en el país como fuera de éste.
Solo media hora después, he sacado toda la estantería de Vampiro, la he puesto sobre la mesa y he comenzado a revisar uno por uno quién había escrito qué. Con la ayuda de Libib, una página que he conocido, también esta misma mañana de la mano de la cuenta de @digitalrol, he ido anotando qué manuales tengo, cuáles me faltan y el centro de la cuestión… cuántas autoras había entre sus páginas…. Pues bien, menuda sorpresa la mía cuando de treinta manuales, solo uno era obra de una mujer (de la que hablaré más abajo) y otro, había sido co-escrito por dos mujeres y un hombre.

Desde luego es algo que merece sentarse, respirar profundamente y recapacitar sobre ello. No creo ser el más indicado para tratar el tema en profundidad, pero desde luego tengo mi propia opinión, que además, no para de darle vueltas a algo que sucedió un mes atrás.

El 29 de Diciembre, hace casi un mes, nos dejó por culpa del Covid, Jackie Cassada, una de las autoras más prolíficas de White Wolf. Se puede encontrar un pedacito de su ser entre las páginas de varios suplementos y novelas, habiendo trabajado en Changeling, Hombre lobo y Wraith (entre otros muchos). Como intento de escritor, jugador de WoD y persona en general, no puedo más que lamentar su pérdida.

Bueno, va tocando unir puntos… Jackie es la autora que aparece en uno de los manuales que he revisado y además, es el centro de la cuestión que me dejo con mal gusto de boca hace un mes. Al día siguiente de ser notificada su muerte, muchas cuentas le dedicaron unas palabras, alguna imagen o un post. Uno de los comentarios me sigue… ¿cómo decirlo? molestando profundamente a día de hoy. Un fulano, del cual no recuerdo nombre o imagen de perfil, menciono en una de las dedicatorias a Jackie:

“Pues tampoco hizo gran cosa”

Dejando de lado la inacción del dueño del post (yo, mínimo hubiera borrado el comentario). ¿Qué coño le pasa a la gente? Dejando de lado la falta de humanidad del comentario en éstos días donde tanto y a tantos hemos perdido, cómo alguien puede despreciar tan a ligera el trabajo de toda una vida de alguien con tanta facilidad. Prefiero no entrar en descalificativos, pero fue algo que se me ha clavado en el corazón con más fuerza de la que podía imaginar.

Tenemos un problema serio, por desgracia, no es un caso aislado. Menospreciar el trabajo de otros es muy sencillo, incluso cuando uno mismo no ha hecho más que lanzar un par de dados en una sesión lo que consideran suficiente para denominarse “Grandes Jugadores”. Para aquel individuo, que tan fácilmente lanzo a la basura miles de horas de trabajo duro e ilusión (y para todo aquel que lo desee) dejo a continuación un listado de la gran mayoría de los trabajos que esta soñadora ha realizado o colaborado https://whitewolf.fandom.com/wiki/Jackie_Cassada .

Sin más, porque me apetecía hablar un poco de mis pensamientos en el día de hoy, os dejo. Espero que el futuro nos depare un ocio más inclusivo, en todos sus niveles y que actitudes como estas acaben siendo simples borrones a pie de página.

Y por supuesto, disfruta de tu viaje Jackie, gracias por darnos tanto. Nos aseguraremos de mantener vivo Changeling y aquello que creaste.

Dragon Age – ¡Comenzamos a preparar la Campaña!

¡Comenzamos proyecto! Antes o después tenía que suceder (para ello me hice con todo lo que EDGE sacó), me voy a poner al frente de una campaña de Dragon Age. Todavía he de acabar nuestra actual campaña de Hombre Lobo: Apocalipsis, pero es cuestión tiempo que acabemos nuestros asuntos en Gary, EEUU y me sumerja (incluso con nuevos reclutas) en las tierras de Denerim. De momento os dejo el mapa que he creado hoy sobre la zona que usaré de base en las primeras sesiones.

Las tierras de Vinglen no son muy conocidas (en lo que se refiere a los fans y sus conocimientos sobre el lore) pero la primera misión que nos propone el manual de la caja básica, sucede en dicha región. En una pequeña aldea llamada Vintiver, los sangrientos acontecimientos llevarán a los aventureros al temido y bello Bosque de Brecilia.

Os dejo en esta entrada el mapa básico, con toda la información “canon” que he podido reunir. Cuando comience a unir cabos, recrear la historia y añadir o quitar, actualizaré el mismo con algunas de las ideas que he ido poniendo en práctica durante la preparación de la aventura y su puesta en uso.
¡Un saludo a todos!

Link de descarga del mapa: https://mega.nz/file/Y1wA1abA#UY4y54W0f40LkQplxGSNEjGtj5–utb71wYsUw1CVnY